Hace casi un año, durante un encuentro de sábados por la mañana, en el ámbito de la lectura literaria, mientras leíamos y escribíamos -en solitario y con los otros- se escuchó una voz y en ella una propuesta: la de seguir comunicándonos desde la identidad de profesores de lengua.
Lo que esa voz no sabía, era que estaba poniendo en palabras lo que mucho tiempo atrás otros profesores anhelábamos: delimitar un punto de encuentro en el cual la pertenencia fuera el deseo de poner en común experiencias en torno al quehacer docente del campo de las letras.
Quienes consideramos que el conocimiento es una construcción social, entendemos que lo que decimos, leemos, escribimos y por lo tanto pensamos, debería circular en la sociedad, dado que pertenecemos a ese entramado social que nos contiene y al mismo tiempo, impulsa.
Como lectores confesos estamos habituados a la fuerza de los símbolos. Por ello, vale la descripción del génesis de esta página. En un comienzo fue la necesidad de contar con un punto de encuentro. Y ese deseo fue el punto de partida. Pero ese punto -signo de la iniciativa inicial- siguió su vuelo de boca en boca y pasó de la pregunta entusiasta sobre su necesidad de existencia a la adhesión inmediata.
Ese aliento inicial continuó su recorrido circular cobrando cuerpo y tomó la forma de un espacio público al mismo tiempo que privado, en donde pudiéramos entrar y salir libremente: así se terminó de delinear el círculo, la plaza, esta plaza de letras, nuestra propia ágora.
Como las palabras hunden sus raíces en el lejano mundo de su origen, nuestra ágora desea recuperar el sentido de juntarse, reunirse. ¿En torno a qué? En torno a todo aquello que acreciente nuestras competencias culturales a partir de hacer rodar la información, proponer nuevas lecturas, recuperar la memoria de nuestro quehacer en las aulas, contar con un servicio de informaciones útiles, difusiones de conferencias, encuentros, jornadas, congresos pero también la publicación de muestras de arte, invitaciones a conciertos… O simplemente, invitarnos al buen cine.
Vale decir que El ágora de letras invita a dejar el ostracismo; nos convoca a amarrar el individualismo en algún puerto lejano y comenzar a conjurar los encierros.
Para entrar a la plaza sólo existe un requisito: ser Profesores de Letras. Y creer que la información, el conocimiento, los libros y en definitiva el poder de la palabra no tiene arrendatarios, ni dueños.
Chicas, me encantó su iniciativa. Es un hermoso lugar para el encuentro, ojalá el tiempo nos dé para poder ocuparlo en esto. Hoy mi cabeza está en la corrección de cientos de trabajos, pero por ahora,les sugiero a todos, que, si no vieron la película “¿Quieres ser millonario?” ( o algo así), vayan a verla. Es buenísima; muy fuerte pero excelente. Durísima realidad y poesía, toda junta en un muy buen paquete.
Cariños para ambas.–
Hasta pronto.- Charito
Charito y amigos del Agora!: hace unos días vi la película que recomendás, es realmente preciosa! además de muy rica en cuanto al aspecto documental de la realidad en la India. La verdad muy buena recomendación!. Saludos