CALIDAD, EQUIDAD Y AUTORIDAD DOCENTE: PILARES EN LA EDUCACIÓN SECUNDARIA
De un modo u otro, quienes participamos en educación desde distintos lugares: como padres, tutores, profesores, personal directivo y/o de administración de una institución escolar nos hemos ido enterando de que los jóvenes alumnos que debían incorporarse a las aulas de la denominada E.G.B.3 como también en la Educación Polimodal, ingresaban -a partir del año anterior- a un sistema educativo que retomaba la vieja denominación de ‘secundaria’. Esta noticia, que no es igual en todas las jurisdicciones del país, ni siquiera en las provincias vecinas, trajo aparejada la confusión en nuestra sociedad, y en este sentido las aguas comenzaron a removerse y las opiniones acompañaron ese revuelo inicial. Algunos padres ya no sabían en qué año y bajo qué denominación inscribir a sus hijos. Hubo alguien que pensó en que sería necesario un instructivo orientador.
Tal vez el origen del desconcierto se deba a que en este país los cambios son tan vertiginosos que cuando nos estamos habituando a una denominación, se avecina otra. Pero las denominaciones no debieran, en educación, quedar en la epidermis de un rótulo más, sino llegar a la profundidad epistemológica.
Por estos motivos, en estos días, en las escuelas secundarias se está debatiendo el Documento Preliminar para la Discusión Sobre la Educación Secundaria en la Argentinai. Este debate forma parte del proceso de discusión acerca de qué escuela y qué educación necesita nuestro país, y dentro de él, nuestra provincia. El documento en cuestión ha llegado desde el Ministerio de Educación de la Nación, y se centra en un interrogante principal: qué tipo de Educación Secundaria queremos para nuestra sociedad. Todos los actores sociales deben reunirse, discutir, aportar ideas, incluso los padres y los alumnos son consultados al respecto.
Es sabido que la Ley de Educación Nacional (Nº 26.206) se propone -entre otros- dos objetivos claves: alcanzar tanto la obligatoriedad como la calidad para todos los alumnos que transitan la Educación Secundaria.
Y ante esas dos condiciones es necesario hacer docencia para toda la sociedad. Cuando se habla de calidad de la educación este concepto no se limita a definir sólo aspectos cuantitativos respecto a quiénes acceden a los primeros puestos referidos a puntajes obtenidos por escuelas o por jurisdicciones, en un ranking doloroso que a veces evidencia un país donde falta mucho por hacer y muchísimo más aún por invertir en educación, con independencia de cuál sea el partido gobernante. Hablar de calidad en educación supera aspectos también referidos a cuántos alumnos y en qué proporción asisten a la escuela, sino que consiste fundamentalmente en definir quiénes aprenden, qué aprenden y en qué condiciones aprenden, términos que comprenden replantearse quiénes enseñan y cómo lo hacen: cuando toda una nación se plantea cuestiones de tanto peso institucional, eleva a la educación al rango de ‘cuestión de estado’.
Aunque resulta difícil acordar con las políticas imperantes en los últimos años que instauraron operativos nacionales de evaluación de la calidad -que se vienen implementando desde el año 1993-, dado que los mismos respondieron en lo profundo a intereses foráneos muy cercanos a economías cuestionables, es posible tomar de ellos algunos datos indiscutibles, que marcan una baja en los rendimientos de los alumnos de las escuelas secundariasii. Sin lugar a dudas, son muchos y muy complejos los factores que inciden en este deterioro notable de la calidad, de los cuales sólo mencionaremos más adelante uno, el atinente a la formación de los docentes.
Resulta paradójico que en Corrientes, en forma paralela a esta discusión sobre la Educación Secundaria en Argentina, se produce un acontecimiento que guarda estrecha relación con la Calidad de la Educación Secundaria: la posibilidad de titularizar a quienes no son profesores y que por tanto no poseen el título docente exigido por la Ley Nº 3723 (Estatuto del Docente). Paradoja que además se conjuga con tiempos políticos que marcan una coyuntura particular, en la cual, lamentablemente, pareciera que los aspectos educativos fueran un bien de cambio.
Por si esto no hubiera quedado claro: mientras la Nación y las demás jurisdicciones de nuestro país se plantean cuestiones de fondo respecto a definir prioridades, precisar estrategias y concertar compromisos conjuntos, con una fuerte voluntad política y un trabajo sostenido para alcanzar los fines propuestos, lograr una sociedad más justa, mediante la construcción de una escuela justa, para lo cual se fortalece la figura del profesor y su autoridad docente, contrariamente, en sectores políticos y gremiales locales algunos no perciben todavía la hondura del planteo: la necesidad de fortalecer la figura del profesor. Trabajan y tejen acuerdos para debilitar el ya débil estatus profesional docente, intentan recortar la especificidad de su formación, instalan la posibilidad de que quien no fue formado como profesor tenga sus mismos derechos, confunden a la opinión pública. En definitiva: corren el riesgo de cercenar los derechos de los alumnos a tener un cuerpo de profesores sólido y competente, base de su misma autoridad, cimiento de la calidad educativa.
En relación con este tema en torno a la ley 5876 en manos de nuestros legisladores, existe un factor crucial para el mejoramiento de la Calidad de la Educación que es contar con un cuerpo docente adecuadamente preparado para la tarea de enseñar. Y cuando decimos docentes, en educación secundaria, entiéndase que sólo cabe un sinónimo: profesores titulados. Esto es indiscutible a esta altura de la historia de la educación argentina….
La experiencia nos ha enseñado, desde cualquier lugar que ocupemos en la sociedad -el de padres, el de abuelos, el de jóvenes, con mayor o menor formación, que educar nunca ha sido una cuestión sencilla; menos aún en la actualidad, debido a que los adolescentes de nuestros días requieren una atención especial, y una disposición específica para trabajar con ellos. Tarea para la que se requiere haber elegido a los jóvenes como destinatarios preferenciales de la formación académica, para formarlos en las escuelas secundarias.
Se trata de una etapa que requiere de la mayor y la mejor atención puestas en ellos, que incluso la más sólida formación disciplinar en un área curricular no garantiza, para encontrar la metodología de abordaje propia para que estos jóvenes se adueñen de los contenidos y valores que les garanticen una inserción social y laboral; son necesarios también, desde la formación de los profesores, saber de psicología de la adolescencia, de psicología del aprendizaje, de pedagogía y didáctica, de ética y haber transitado por una práctica profesional docente.
Mientras que los datos nacionales provistos desde la misma documentación que analizamos nos revelan que en el país, ocho de cada diez profesores de Nivel Medio tienen formación específica para enseñariii, si nos preguntamos cuál es el porcentaje real de profesores titulados en la provincia de Corrientes la respuesta nos dejaría perplejos: la minoría de quienes enseñan a los jóvenes correntinos tiene el título de profesor/a. Y este preocupante panorama atraviesa a todas las disciplinas desde las Ciencias Exactas y Naturales, pasando por las Ciencias Sociales y las Humanísticas, además de las distintas Artes –Música, Literatura, Plástica…-. Ni qué decir de la enseñanza de Lenguas Extranjeras.
Dos tercios de los profesores del país son titulares en sus cargosiv. Cabría preguntarnos qué porcentaje de profesores titulares registrado actualmente en la provincia de Corrientes. La respuesta en esta jurisdicción revelaría que sólo algunos profesores –y mayores de cuarenta años- han tenido la oportunidad y el derecho de concursar.
Cabría preguntarnos también cuántos profesores merecen (y muchos desde hace bastante tiempo) acceder a la titularización prometida por Ley a través de Convocatorias a Concursos porque cumplen con los requisitos exigidos por el Estatuto del Docente: existen muchos profesores jóvenes y no tanto –algunos ya han promediado los quince o veinte años de antigüedad docente- que no han tenido esta oportunidad. Sin hablar de aquéllos que se recibirán en las próximas cohortes y que comienzan a dudar de la importancia y el sentido de tanto estudio y de tanto esfuerzo, o se interrogan acerca de cuán poco se valora la educación en esta provincia.
Cabría preguntarnos por último si la decisión del estado de favorecer concursos por medio de los cuales accedan a horas cátedras titulares quienes se han formado para trabajar con jóvenes y elegido como profesión la de ser profesores de nivel medio, no achicaría la brecha entre los derechos de los alumnos adolescentes a recibir una educación de calidad y la realidad que muestra que la calidad dista aún mucho de haber ingresado a las aulas del nivel secundario.
Afirmábamos que merece especial atención la perspectiva que incluye la equidad como rasgo distintivo de la calidad: el desafío no es sólo universalizar la escolarización sino universalizar logros en relación con el proceso de enseñanza y aprendizaje…v. Estamos convencidas de que la igualdad de oportunidades se logra cuando todos los alumnos alcanzan resultados de aprendizaje equivalentesvi. Y aquí nos podemos menos que interrogamos: ¿se lograrán resultados similares tanto en alumnos que tienen como guía y orientación a docentes que se han preparado para esta función pedagógica, como en aquellos jóvenes atendidos por quienes no tienen tal preparación? ¿No habrá que ofrecer mejores condiciones pedagógicas (entre ellas, un docente formado académicamente para tal rol) para evitar el fracaso escolar (en términos de rendimiento) en especial en sectores en riesgo pedagógico, a fin de desactivar los mecanismos perversos que reproducen las desigualdades sociales en forma de desigualdades escolares?
El desafío de la realidad actual de asegurar la calidad del servicio educativo debe entenderse en el sentido de impulsar el progreso uniforme de todos los sectores sociales, siempre y cuando se defienda la calidad con equidad, para disminuir las brechas de injusticia y reducir la segmentación dentro de una misma realidad.
Atendiendo a estos ejes que son indudablemente cuestiones de estado, otro de los objetivos en relación a la Educación Secundaria es la reconstrucción de la autoridad pedagógica. Al respecto el Documento para el debate que estamos analizando, manifiesta la necesidad de una política integral que busque favorecer una nueva profesionalidad docente. La misma debería contemplar intervenciones vinculadas en tres dimensiones básicas: la formación, las condiciones de trabajo y de ascensos que podría implicar la redefinición de criterios concernientes a la carrera docente, de acuerdo con lo previsto por la Ley de Educación Nacional (art. 69)vii. Asimismo en relación a la reformulación de la carrera horizontal, sugiere poner en valor la labor pedagógica y el vínculo con el estudiante y con el conocimiento, a fin de garantizar niveles básicos de equidad en la distribución de ese capital estratégico que es el capital cultural.viii
Se torna imprescindible, por lo tanto que en instancias legislativas se vea la profundidad y hondura del debate en ciernes. Hasta un ciudadano ‘común’ se da cuenta de que enseñar es una actividad muy distinta a la de trabajar en un negocio, en un consultorio, o en una oficina. La profesión de enseñar menos aún puede ser considerada como una mera actividad que justifica un sueldo a fin de mes, si bien el mismo es justo y digno que así sea, e incluso resulta clave para que la profesión docente recupere el estatus y la profesionalidad, amén del reconocimiento social que supo tener en décadas ya lejanas. Para su desempeño se requiere tanto de saberes propios del campo disciplinar como de su enseñanza específica, como plantea el mismo Documento. ix
Recordamos finalmente, que para dedicarse a la enseñanza no basta con saber algo más que los jóvenes alumnos sobre las asignaturas Lengua, Matemáticas, Biología, Química, Historia o Física o entender algo de inglés. Por el contrario, se requieren de competencias fundamentales que sólo pueden darse entre quienes eligieron ser profesores, y para ello atravesaron trayectos de formación académica específicos, y continúan incansablemente superándose, a través de la actualización y el perfeccionamiento constante, o entre quienes, si bien entraron a la docencia secundaria como una circunstancia laboral, se encontraron con la vocación docente y completaron su formación a través de los distintos ámbitos que les ofrece el sistema educativo tanto provincial como nacional para obtener su título de profesor, o bien la comenzaron recientemente. Para estos profesionales que han comenzado su camino de ingreso a la posibilidad de reconvertir su título técnico para llegar a ser profesores, también el sistema debería abrirles la puerta, una vez titulados, a la oportunidad de concursar. Es absolutamente necesario educar con el ejemplo.
El lenguaje es una forma de mostrar el pensamiento. Si nos sentimos a gusto cuando nos rotulan como ‘profesor’ o ‘profesora’, debimos haber estudiado para que nos invoquen de ese modo. Si algún joven sueña con que en un futuro lo llamen ‘doctor’, el educador le enseñará que debe estudiar para lograrlo y serlo, esto es haber aprobado una tesis doctoral, aunque en la actualidad se titule como tal a abogados y médicos. Esfuerzo, identidad profesional y obligaciones y derechos deben ir de la mano.
Parafraseando a una investigadora, podríamos afirmar que la sociología y la antropología plantean que las sociedades actuales padecen una abstención generalizada del ejercicio de la autoridad, que se expresa en una suerte de desprecio por el saber y por quien lo enunciax.
¿No será esto anterior lo que está sucediendo entre nosotros? ¿No será que la meritocracia es un valor que pareciera habérsenos extraviado entre otros tantos valores en algunas noches oscuras de nuestra historia? La calidad educativa se logra, entre otras variables, con la protección de la autoridad docente y ésta debería ser defendida por las más altas esferas del Estado, en sus tres poderes.
Mgter. María Cristina Barrientos // Mgter. María Beatriz Carranza
DNI Nº 12.867.233 // DNI Nº 13.962.534
crisbarrientos @hotmail.com // mariabeatrizcarranza@hotmail.com xi
CORRIENTES, 18 de mayo de 2009
i MINISTERIO DE EDUCACIÓN (2008). Documento Preliminar para la Discusión sobre EDUCACIÓN SECUNDARIA en Argentina, CONSEJO FEDERAL DE EDUCACIÓN, Buenos Aires.
ii IDEM, Op. Cit., punto 25, pág. 18.
iii Id., Punto 34, pág. 23
iv Censo Docente 2004, Punto 37, pág. 25
v Idem Nota 1, Punto 43, pág. 29
vi Ibid. Punto 69, pág. 35
vii Ibíd. Punto 80, pág. 39
viii Ibid.
ix Ibid. Punto 84, pág. 41.
x A partir de TIZIO, H. (2003) Reinventar el vínculo educativo. Aportaciones del psicoanálisis y la pedagogía social, Gedisa, Barcelona
xi Las firmantes son Profesoras Titulares en el Nivel Medio y Superior, por concurso. Son independientes política y gremialmente. Desde años atrás se desempeñan como formadoras y capacitadoras de docentes de los distintos niveles del sistema educativo.